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PÁG 13 El Cántico no habría supuesto una gran novedad, si con la evocación de tales perspectivas —garantizadas con seguridad— no hubiera expresado también la gratitud a Dios por la muerte. Una hermana común como el sol, la luna y las estrellas… Cuando llega la muerte decide para siempre, según el estado en que se encuentre el alma. Si es abando- nada en las manos del Creador, se salva… y de ahí esa última estrofa, como una llamada última a abrirse a Dios y ponerse en sus manos, de tal suerte que la muerte segunda sea una oportunidad. Precisamente por ello Éloi Leclerc (1977) afirmaba que “el Canto de las Criaturas es el canto del hombre salvado y reconciliado con todas las cosas” (p. 42). El Modelo de Francisco y la Sostenibilidad: algunas Convergencias Como ya señalamos no podemos quedarnos en lecturas idealizadas o románticas. Hemos ubicado aquello que es central en la idea de Francisco: fraternidad, humildad, perdón y muerte. Volvamos ahora a la relación particular de Francisco con la naturaleza. En este sentido, es verdad que muchas de las lecturas que aplicamos al Poverello están fuertemente determinadas por el romanticismo de finales del siglo XIX. Y, en dicho contexto, fue leído o interpretado en una clave estética como hombre amante de la naturale- za. Esto planteado en estos términos, aun siendo verdad, no resiste a la verificación desde las fuentes. Por otra parte, hemos de reconocer que la relación que tuvo con los animales y la naturaleza, fue claramente innovadora en su época. En este sentido, Francisco tiene una singular capacidad de contemplar la belleza del mundo, al tiempo que muestra una profunda armonía y familiaridad con animales y cosmos. Precisamente, los animales están muy presentes en su vida, jugando siempre un papel relevante, que suele estar relacionado con el que —estos mismos— ocupan en la obra creadora de Dios. Francisco muestra especial atención y predilección hacia los animales que aparecen en la Biblia. Por ejemplo, por peces y pájaros, por su vinculación con los relatos de la creación. También con la relación que él mismo crea con la pasión del Señor. Así, cuando se encuentra con algún animal que ha sufrido violencia —tal y como sucede en la cadena de supervivencia de la naturaleza— esto le remite a la figura del Cristo sufriente… y, por lo mismo, la vincula con la imagen bíblica del “siervo de Yahveh” (Is 42, 1-4…). Con todo, sería erróneo hablar en Francisco de una fusión con la naturaleza. Y, al mismo tiempo, tampoco es una relación idílica. En este sentido Francisco resulta profunda- mente humano, amando a algunos animales y a otros no. Solo hay que pensar en las moscas y ratones que, como ya dijimos, le hacen sufrir en medio de su enfermedad… pero también es cierto que en referencia a los mismos también hay evolución o simplemente lecturas diversas… así ocurre, por ejemplo, cuando denomina a alguno como “hermano mosca”, refiriéndose a aquellos que no trabajan, pero donde también hay una consideración y un afecto. Su sensibilidad hacia la naturaleza tenía antecedentes en una comprensión religiosa, aquella que se expresa en el mundo de lo fenomenológico, donde lo sagrado se vehicula también por medio de elementos de la creación. Pensemos, en este sentido, en el agua —como referencia bautismal— etc. Francisco no es un intelectual y, por lo mismo, sus expresiones remiten a aquello que ha conocido, pensemos que él hace una lectura directa de la Sagrada Escritura, particularmente de las partes que conoce por medio de la liturgia, pero donde no hace grandes exégesis, sino lecturas aplicativas de la misma, de ahí también que se sienta libre frente a lo que para otros se convierte en un corsé intelectual. A este respecto, Vauchez (2009) afirma que, en Francisco: La relación entre la letra y el espíritu era similar a lo que los intelectuales de la época habían establecido entre la materia y la forma. La letra sirve para encarnar el espíritu y toma todo su valor en la medida en que lo contiene y lo expresa: de ahí el énfasis puesto por Francisco de manera tenaz y apasionada en la necesidad de una observan- cia concreta e inmediata del evangelio. Pero el respeto literal del texto sagrado para él no era un fin en sí mismo, ya que, para llegar a ser operativa, la Escritura debía ser puesta en práctica “de manera espiritual y pura” ... Para Francisco, la verdadera palabra de Dios es el mismo Cristo y las sagradas Escrituras no son más que el testimonio hecho por los hombres al Verbo encarnado… La autoridad de la Biblia no es la de una Escritura santa en sí misma: la deriva de Aquel de quien habla esta Escritura y que debe guiar su lectura y comprensión. (p. 288) El papa Francisco, a este respecto, afirmaba que “san Francisco nos muestra cuán inseparable es el vínculo entre la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior” (LS, 10). Estas cuatro dimensiones estructuran una sostenibilidad integral, que no fragmenta lo humano de lo natural, ni lo social de lo espiritual. Francisco de Asís vivió una pobreza como liberación —no como miseria— testimoniando que otro modo de vida es posible. Su mirada contemplativa sobre la creación se opone radicalmente al paradigma tecnocrático que todo lo mide en función de su utilidad (cf. LS, 106). Francisco nos interpela a pasar de una ecología de los recursos a otra de las relaciones. La sostenibilidad integral exige nuevas formas de vivir, de consumir, de producir, pero también nuevas formas de sentir, pensar y orar. Su vida fue un acto continuo de descentramiento, de apertura al otro, ya sea el pobre, el animal, el árbol o incluso la muerte. Hoy más que nunca, su legado puede inspirar movimientos sociales, empresas responsa- bles y políticas públicas que promuevan la justicia ambiental y social. La ecología francis- cana es inseparable del compromiso por la equidad y la paz. El Legado de San Francisco de Asís: Una inspiración para la Sostenibilidad. Miguel Anxo Pena González DOI: https://doi.org/10.15658/CESMAG25.12140202
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