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— 113 — de San Francisco, esmerarte en adquirir ese espíritu, siendo la mente de este Nuestro Seráfico Padre que por ningún trabajo maten sus hijos el espiritu de la santa oración y devoción? Dirige una mirada á los Santos, de tu Orden, que más se han distinguido por su celo apostólico, y verás que todos heredaron este espíritu de su Santo Patriar- ca y que no pocos siguieron el ejemplo de un San Bernardino, que antes de predicar hacía una hora de oración. (Observa el espiritu de oración del Beato Die- go que dedicaba tantas horas á este santo ejercicio, ¿No aprenderás esta lección de tantos hermanos tuyos en religión que ejerciendo tu mismo ministerio, se distinguieron por el amor á la oración? MEDITACIÓN DUODÉCIMA De la constancia que el Misionero debe tener en los trabajos de su ministerio PRELUDIO: Figúrateá Jesús, que, para animarte á tra- bajar por las almas, te dice: Trabaja con constancia, porque cada uno recibirá el premio según el trabajo, no según el fruto obtenido, Considera que la prueba más convincente é irrefra- gable de que buscas ¡puramente la gloria de Dios y el provecho de las almas, es que:tu celo reuna la condi- ción de la constancia. En efecto; consagrarse al minis- lerio por algún tiempo, dedicarse á él, cuando se reciben incesantes consuelos y ¡alabanzas, cuando se ve copioso fruto, lágrimas y conversiones admirables, nada tiene de extraño; el mismo amor propio se halla entonces grandemente complacido. Mas dedicarse á la

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