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— 1U/ — continuó en adelante con más fervor la predicación evangélica con mucho progreso de su espiritu y fruto de sus prójimos. í Ahora bien; ¿no temes, en vista de esto, la cuenta que has de dar de los talentos recibidos y de la indi- ferencia con que miras la salvación de las almas de tus prójimos? ¿No te esmerarás en cumplir mejor en adelante tu misión, procurando un verdadero interés por la conversión de los pecadores, rogando siempre al Señor por ellos al propio tiempo que te fatigas en tus ministerios? MEDITACIÓN DÉCIMA De las señales del verdadero celo PRELUDIO: Imagínate á Jesús bendiciendo muy copiosa- mente al Misionero que, enviado por sus representantes en la tierra, se dedica con verdadero celo á salvar almas. Considera que, según San Agustín, el celo verdadero de las almas no es otra cosa que un efecto del amor de Dios en los hombres. Zelus est effectus amoris. Y confirmando esto mismo el melífluo San Bernardo, nos dice: Para que nuestro celo sea verdadero, es preciso que esté animado de la caridad. Zelum tuum inflam- met charitas. «Es necesario, escribía el esclarecido Doctor San Isidoro á su hermano San Fulgencio, es necesario, que los Sacerdotes seamos santos é irreprensibles, porque quien corrige á otro, debe estar ajeno y limpio de pe- cados. Pues ¿con qué cara reprenderásá otros, si aquel á quien corriges puede contestarte: Aprende tú pri-
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