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aE los hechos que tenemos que referir. Mas no lo debemos hacer, sin sentar antes un preliminar, cuales, que ha sido necesario que la falsa ilustracion moderna echase raices muy profundas, para “que se pretendiera anular por la fuerza barbara y salvage un monumento del derecho publico, respetado por los mismos bar- baros , y venerado por las generaciones que ha habido en trece siglos. Tal es el principado del Romano Pontifice que ha inten- tado destruir el racionalismo , para cuya empresa se ha prepa: rado, mucho tiempo ha. Desde hace largo tiempo esta aquel ensefiando, que los mi- nistros dela Iglesia no han de tener cosas temporales , como si fueran entes aéreos, 6 como sino pertenecieran al linage huma- no, 4 quien Dios entregé la posesion de la tierra, sin excep- tuar de este derecho 4 nadie, pues con aquellas palabras que dijo 4 Adan: Creced y multiplicaos y dominad la tierra, es- tablecié el derecho de propiedad en general y en particular, y con las del sétimo precepto del decalogo lo confirmé, prohi- biendo que se usurpase el bien ajeno. Ahora, pues, {no se did ese precepto para el sacerdocio ? ; Prohibié Jesucristo a sus discipulos que poseyesen bienes temporales? ;Relajé acaso con efecto hacia sus ministros el precepto general de la ley natural, que manda no robar el bien ajeno? Nada de esto: el don hecho por Dios al linage humano , de poseer la tierra , fué in solidum para todo el linaje humano y para todos y cada uno de sus indi- viduos, y el precepto de no robar tiene las mismas condiciones : Jesucristo mandé a cuantos le habian de seguir que faesen po- bres de espiritu, no poniendo su corazon en las riquezas: no prohibié la posesion, sino la codicia y la avaricia : y solo acon- sejé a quien quisiese ser mas perfecto, que vendiese lo que te- nia y se lo diese 4 los pobres , tomase su cruz, y lo siguiese ‘. El racionalismo, siguiendo las huellas del protestantismo, ' Lue, cap. XIf. v. 22.

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