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—— pero sobre todo a las verdades ensefiadas por Jesucristo y & la Iglesia catolica,, que las conserva y observa. El bien del publi- co, la salvacion de la patria, la conservacion de la honra de las naciones, valen muy poco en la mente de los racionalistas. Cada dia se presentan nuevos proyectos de ley en esas asambleas , en cuyo dintel podia escribirse. mejor que, «Congreso de los pa- dres dela patria,» Fabrica de leyes para utilidad de los fa- bricantes ; pero j uno que favorezca a la religion, a la Iglesia, a la familia! Eso no: eso es propio de los verdaderos padres del pueblo , no de los padrastros. Pero demos punto a esta materia, sobre la cual pudiera disertarse mucho, y pasemos a hablar del derecho publico. g. IV. El derecho publico. Uno de los mayores escandalos que ha traido a la sociedad la ilustracion moderna, segun la entiende el racionalismo , es la infraccion paladina y solemne del derecho publico. Pocas pala- bras hay que decir, para saber que el derecho ptblico no es mas que el derecho natural reducido 4 practica por las costum-— bres y los actos legales de los hombres y de las naciones. Nin- gun hecho, ninguna empresa que no eslé conforme con la ley de Dios, ora en los medios que se adoptan para ejecularla, ora en el fin que se propone el agente, puede establecer costumbre legal, ni formar estado, ni conslituir por consiguiente, princi- pio 6 regla de derecho publico: por el contrario , la ley de Dios lo reprueba, y la conciencia universal lo rechaza, Pero este es precisamente el escandalo mayor , que ha dado el racionalismo en estos ullimos tiempos; y lo ha dado, tomando por objeto de sus hazafias inicuas la Iglesia catélica y sus mi- nistros, y sobre todo al Romano Pontifice, como lo atestiguan

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