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solo individuo de la nacion deja de ser soberano. He ahi, pues, el gérmen perenne de disturbios y de guerras civiles en una nacion. Cada individuo tiene en si mismo, segun las nuevas — teorias, una parte de esa incomprensible soberania: y ¢ qué derecho tiene nadie en ese caso, para imponerle un soberano? Precisamente , acabamos de ser testigos de esta imposicion he cha a Espaiia por el voto de ciento noventa y un tribunos , que nos han traido al Duque de Aosta para que sea rey de Espaiia. Seguramente , y aparte de toda prevencion que debe desechar todo hombre que examina unacuestion, pero mas aparte todavia de toda falsedad , esos ciento noventa y un tribunos no represen- taban toda la nacion, y ni aun siquiera su quincuagésima par- te, sise examina el sentido moral de sus hijos, sus tenden- cias , sus ideas monarquicas, y su adhesion & reyes que sean nacionales, y su aversion a toda dominacion extranjera. Concedido, por tanto, el principio de la soberania nacio— nal con las prerogativas que le corresponden a cada individuo, el resultado inmediato de esa imposicion contra la voluntad cla- ray manifiesta del pueblo, llamado soberano, es el derecho del levantamiento y el planteamiento de la guerra civil. Y en efecto , la guerra civil ha estallado , levantandose en casi todas las provincias el estandarte que lleva por lema Dios, patria y rey , sefialando para que lo sea al hijo de nuestros antiguos mo- narcas. Preguntamos , pues, {tiene el gobierno de hecho de D. Amadeo de Saboya verdadero derecho de castigar a los que proclaman el advenimiento al trono de D. Carlos de Borbon? Examinadas las cosas, segun el principio de la soberania del pueblo, hay que decir redondamente que no lo tiene. Puesta la causa, hay que conceder los hechos que de ella se siguen. {Los que trajeron 4 Amadeo, lo hicieron en fuerza de la sobe- rania del pueblo? Pues siendo todo el pueblo tan soberano como los que trageron lo que éste no queria, hay que decir, que el pueblo tenia derecho para sacudir su yugo; ahora pues: nin—

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