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—a man los mismos racionalistas ‘, y la de oprimir con tirania @ la religion , que no depende de reyes, ni de principes, ni de sena- dos, ni de asambleas, ni de pueblo en su constitucion, en sus- leyes, en sus preceptos y en sus dogmas. Asi, y no de-otro modo, se esta traduciendo el racionalismo en estos mismos dias, pues lo: vemos, mostrandose , al parecer , indiferente con todas las see- tas; pero, en realidad, protegiéndolas ; pero su realidad es mas visible én la persecucion de los Obispos , porque excomulgan& los Ilamados catdlicos viejos en Alemania, porque rechazan el Evequatur regio de un rey excomulgado en Italia, y porque de- fienden la santidad el matrimonio y la independencia ‘de la Iglesia en Espaiia. Téngase presente lo que ensefia el racionalis- mo sobre la misma Iglesia, como lo hemos notado, y nuestras aserciones apareceran muy claras.y evidenles. Digasenos ahora, si ha existido semejante despotismo, 6 un cesarismo tan irracional en los’ ti¢mpos pasados: los Césares romanos se empefaban en abolir el nombre de Cristo , y se es- trellaban’ contra los que lo profesaban; pero en:medio de su ignorancia de Dios, decian que el imperio tenia'sus dioses, y que era necesario respetarlos y adorarlos. Los Gésares hereti- cales pretendian que los fieles no creyesen uno U otro dogma, que ellos no admilian; pero no negaban los demas, y hasta creian, aunque neciamente, que adoraban a Cristo. Vinieron Césares que profesaban el catolicismo , y se encaprichaban al+ gunas veces, ora en que habian de usar de algun derecho que no tenian, ora en que se habia de acceder 4 exigencias que ellos bautizaban con el nombre de prerogalivas de su poder temporal. Pero, en sus mismas exigencias y pretensiones , este cesarismo confesaba la soberania de Cristo y la auloridade su Vicario: el cesarismo racionalista no es asi. No solo el sim- ple ciudadano ha de estar aferrado 4 su cetro de hierro, sino ~ © 'Syliab. prop. 7."

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