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—Es la que él mismo asumia, diciendo que se sentia ee nel Espiritu Santo. | Asi, hdeaheaiiiies cosas extraiias', cuya i no exis- te sino en el budismo y entre los salvages: hombres avezados a los placeres de la carne, hombres menestrales y de baja esfera, dejaban sus anteriores ocupaciones y se trasladaban , quién del yunque y del martillo, quién del manejo de la lanzadera y del telar, quién del tirapie y de la alesna, al pulpito 6 4 la tri- buna levantada al aire libre, y alli vociferaban contra todo lo que antes se creia y se profesaba, siendo estos los ministros que Lutero vid crearse en su tiempo, y los que le sucedieron a él y a otros apdstatas como él, tan pronto como toda esta pleyade de estrellas caidas del cielo se sepulté por la muerte en el abismo. He ahi por tanto trasladada la mision de anun- ciar la palabra divina, del sacerdocio llamado por Dios a ser custodio de la ley y de la sabiduria y a ensefarla 4 los demas, -al laicismo excluido por derecho divine de las funciones sacer- dotales. Pero la traslacion del oficio onsunaba la traslacion del modo de ejercerlo, y en esto tenian que parecerse tambien los hijos al padre. Este habia destrozado las sagradas letras, habia abolido el sacrificio de la Misa, habia ridiculizado los hechos mas venerables, habia acomodado el sentido del texto sagrado a sentidos satiricos, burlones y sarcasticos, y este perverso modo manejar la ciencia sagrada tenia que perpetuarse entre los comentadores protestantes , hasta formar de ello una ar- queologia. Y en efecto, cualquiera que viaje por Prusia, por la Ale- mania protestante é Inglaterra, encuentra cuadros de pintura y grabados de todo tamafio , en los {cuales esta descrita la in- fancia y la adolescencia del protestantismo: alli el campesino guarda con respeto las caricaturas inventadas por Lutero sobre el Papa y sobre los frailes, detestando siempre al anticristo y Tomo I. 21 ‘
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