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= 226 — gemido bajo el yugo del despotismo protestante, siempre per- seguida, privada de derechos civiles y agobiada con Jas con- tribucioties mas harbaras inieuas, y hasta con la de pagar a obispos y ministros anglicanos sus cuantiosisimas dotaciones, al propio tiempo que sus verdaderos obispos y sus sacerdotes es— taban atenidos a las limosnas de esos mismos fieles, que asala- riaban con sus sudores lo que odiaban. Hay en la historia de las persecuciones de los catdlicos de esta nacion y de Inglaterra y Escocia, una coincidencia muy singular, y es la de haber durado casi el mismo periodo de afios, que las de los Césares de Roma contra los eristianos. Todavia en el afio de mil setecientos setenta y cuatro, el cé- lebre Lord Gordon presenté al parlamento inglés una peti- cion contra los catdlicos, firmada por mas de cien mil pro- testantes ; y no fué eso lo peor, sino que le acompafié una turba innumerable de estos, quienes: llenos de furor pro- movieron contra los catdlicos tumultos que duraron siete dias. Existia, pues, todavia la persecucion, y tan solo cesé, cuando al principiar el siglo presente se tralé ya de la emancipacion de los catdlicos. ; Rara casualidad! Desde el martirio de Tomas Moore hasta la época de la emancipacion, van doscientos sesenta afios ; desde la persecucion de Neron hasta la paz de Constanti- no van doscientos cincuenta; de manera que el cesarismo paga- no y el que el protestantismo renové, han tenido casi la misma duracion. No es nuestro intento echar una sombra, ni aun la mas pe- quefia, sobre los monarcas de aquella nation. El cesarismo, perseguidor de la religion catdlica, puede decirse, que faé per- sonal en Enrique VIII.-y en su hija Elisabeth; pero no en los demas, si bien era hereditario. Hubo reyes que no aprobaron ese modo de proceder, y tralaron & los catdlicos, como un buen principe debe tratar4 sus siibditos, habiendo sido uno de estos Jorge IlI., cuya conducta suave y paternal hacia los
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