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= OS — el decir 4 todo hombre que él era el maestro de si mismo en la fe y la doctrina. Pero esos nuevos dogmas tenian que producir otros resultados , ‘los mismos que son propios de todo error, que inficiona lo presente , y prepara mayor infeccion para " porvenir. Las malas doctrinas que halagan el orgullo y excitan la_ ambicion , tienen la propiedad de chocar al principio como es- pectros de una tumba: pero despues que se familiarizan ,. van apareciendo 4 los ojos del que las mira ménos feas, y despues sin deformidad , y mas tarde hasta se las acaricia. Porque el amor apasionado es ciego en el apego a los objelos sensibles: para un amante obcecado, lo feo es hermoso , aunque todos los demas le digan que es horrible. Y sucede lo mismo, y aun con algun grado mas de obcecacion, con el que llega 4 enamorarse de las malas doctrinas, pues se identifica con ellas al fin’, y las abraza con ardor apasionado. ;Podia quedar aislada en el pro- testantismo Ja doctrina sobre los bienes, llamadus de manos muertas , y la que ensefiaba que las iglesias, los monasterios, las abadias y las catedrales son bienes de la corona? jPodia ensefiarse esta doctrina, y ponerse en practica, sin que el contagio se propagase , asi como la otra, de que los reyes eran los jefes natos de la religion, la cabeza de la Iglesia, como se enseiié en toda la Alemania, y como lo pusieron en prac- tica los principes de esa vasta region, y al poco, Enrique VIII. de Inglaterra, y los reyes de Dinamarca, de Noruega y otros? No era posible, porque el mal, dice San Pablo * , serpea y se propaga como el céncer. Gritaba Lutero al milagro, diciendo que su secta habia sido adoptada en un instante por cien pue- blos ; y le respondia Tomas Moore ®, que el caer los pueblos en la vida licenciosa, es tanto milagro, como el caer la piedra al suelo por su propio peso. Esta ha sido y sera siempre la indole natural del mal. * 2. Timot. cap. Il. v. 16. * Ep. ad Pomeranium.
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