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= S56 = aajins: Y para decirlo de una vez, todavia ‘expresa el Santo su doctrina, de que el deleite espiritual no hace esclava a la voluntad diciendo estas palabras : Si hemos de ser traidos , que nos traiga aquel d quien decia un alma que lo amaba, correré- mos tras el olor de tus ungiientos'. Es bien claro, esta alma ama- ba, y prometia con propdsito firme, pero libre y espontaneo, que correria detras de las virtudes de su amado. Luego no es- taba esclavizada su voluntad por el placer que sentia en el amor de su objeto querido. Tal es la doctrina de San Agustin, en la cual se apoyaban los jansenistas para destruir el libre albedrio ; pero, en cual se apoyaban para resislir con tenacidad a la autoridad de la Santa Sede? Por mas que busquemos, no hallarémos otra sino la conducta de los hereges: lo mismo resultaba de las voces tonantes é imprecatorias de Lutero, que de las palabras sua- ves y melosas del jansenismo : aquel heresiarca negd esa au- toridad y levanté contra ella & toda la Alemania ; los defenso- res de Jansenio, aparentando una falsa virtud y un celo fingi- do por la gloria de Dios, por la observancia de los canones y por.el renacimiento de la antigua disciplina que comentaban a su modo, enseflaban la manera de estar resisliendo 4 esa misma autoridad, diciendo que se equivocaba en sus juicios, que traspasaba los limites de sus atribuciones, que no tenia derecho 4 prescribir una obediencia interna, y que no podia por si sola imponer a la Iglesia, porque la infalibilidad en la enseflanza del dogma y de los preceptos de la moral era el dote de toda la Iglesia, representada por los Obispos y por los concilios generales, tnica autoridad inapelable segun ellos. ¥ esto {quées, como ya lo hemos dicho, sino la defensa paliada del error del libre examen de los protestantes, y la destruccion, por medio de la resistencia, de la autoridad sobre toda la Igle- ‘ Aveustin. Tract. XXVI. in Joan.
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