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—261 — sus prerogativas y de su magisterio ; levantar la voz para en. salzar la gran Aigaidad de los sucesores de los Apéstoles, y oponer esta dignidad 4 la unidad que resulta de que haya otra dignidad, que es el centro de donde parte la misma autoridad ~ episcopal, y oponer la dignidad de muchos por la fuerza del numeroa la de uno, por la sencilla razon de ser la de éste una y singular, fué la transformacion que tomé el jansenismo. Vid éste que no podia continuar ensefiando las uiias de leon, y se eché encima una piel de cordero que las encubriese. El janse- nismose disfraz6 de galicanismo. Sabido es, que en los ultimos treinta afios del siglo décimo- sétimo, y en los cuarenta primeros del siguiente, fueron saca- das 4 luz, y estuvieron muy en boga entre algunos literatos eclesiasticos algunas doctrinas , 4 las cuales se did el nombre de galicanismo, no porque las profesase el respetabilisimo clero de Francia, sino porque en tiempo del Concilio de Constanza, las publicaron por primera vez Pedro de Aliaco y Juan Gerson, quizds con el fin de concluir con el cisma de los cincuenta afios. El nombre de galicanismo, puede decirse que fué atribuido para lo sucesivo a esas doctrinas, por culpa de los jansenistas, que abundaron en Francia y la llenaron de perturbacion por espacio de un siglo. La asamblea del clero en mil seiscientos ochenta y dos, fué atribuida al galicanismo del clero, no obs- tante que no fué sino una explosion jansenista , manejada habil- mente por estos hereges astutos, que supieron apoderarse del corazon de un monarca generoso, y corromper a ministros, 6 poco cautos, 6 no bastante catdlicos; y el nimero mismo de in- dividuos que asistieron ala asamblea, que no paso de treinta y cuatro prelados, y el modo que se empleé para congregarlos, manifiesta biena las claras, que todo aquel aparato era una maniobra oculta de los jansenistas, dirigida a debililar y aun destruir la unidad del magisterio de Ja igienia y el principio de autoridad.

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