BCCPAM000539-2-02000000000000

i dera con violencia del Papa Martino, que resiste 4 sus preten— siones hereticales, y lo envia preso al Ponto, donde espira en medio de privaciones y trabajos *. Tales eran los excesos del cesarismo a mediados del siglo séptimo : desconocicron aquellos emperadores el principio de autoridad, y no quisieron comprender lo que muchos de sus predecesores habian publicado en edictos imperiales: en los . cuales, reconociéndose ellos puramente legos y sin derecho a intervenir en el gobierno de la Iglesia y de cuanto la pertenece, mandaban a sus stbditos, que se sometiesen con voluntad sin- cera 4 cuanto les mandase el Vicario de Cristo, 4 quien Ilama- ron cien veces el Papa universal, el maestro de todos los Obis- pos y el pastor de todo el rebaiio del Sefior. Se vieron estos, por lo mismo, en el caso de tener que resistir 4 sus pretensiones in- Justas é irreligiosas , ensefiandoles cuales eran sus atribuciones, © y diciéndoles con toda claridad, que Dios no les habia entre- gado a ellos el depdsito de la fe y la doctrina, sino el gobierno ‘temporal de su imperio, y el cuidado de velar por el manteni- miento del bien pablico de sus vasallos. Y Ilegé 4 tal extremo la audacia de uno de aquellos imperantes, el abominable Leon Isaurico: y fueron tantas las violencias que cometié, martiri- zando en Oriente y Occidente 4 miles de caldlicos por no acce- der asus edictos contra las itnagenes de Cristo, de la Virgen y de los Santos, que al fin el Papa Gregorio II. se vid precisa- do 4 reunir un concilio en Roma, en el cual, vista la tenaci- dad con que el emperador desprecié los avisos multiplicados del Papa, vista la crueldad con que en¥iaba armadas ‘y ejérci- tos contra la Italia, para destruir alli el catolicismo, el empe- rador fué excomulgado, y Roma, y cuantas provincias consti- tuian la Italia, fué separada por su autoridad del dominio tem- poral del emperador romano, mandando 4 todos sus moradores * Anastaas. Collet. p. 79.

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz