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sgl ace que no pagasen tributo alguna al emperador anatematizado: pues en vez de emplearlo en bien de su pueblo, lo gastaba en objetos inicuos y sacrilegos, cual era el hacer la guerra a Dios y 4 la Iglesia santa. * Colimbrase aqui ya la piedad con que procedié el papa Leon Ill, al consagrar 4 Carlo-Magno emperador romano, a mediados del siglo octavo, cuyo celo por la independencia de la Santa Sede y por la incolumidad de la religion calélica daba molivos para esperar, que el cesarismo no se robusteciera en el Occidente, si sus sucesores seguian sus huellas. Porque en realidad, el cesarismo habia vuello a salir de entre sus ceni- zas en Oriente; pero el teatro mas ruidoso de sus hazafias ha- bia sido el Occidente , 4 mas de que, aqui tambien habia habi- do emperadores y reyes que lo habian ejercido por su propia eleccion. Aqui se habia visto 4 un Valentiniano, ef Jdven, queriendo obligar 4 San Ambrosio, a que diese las iglesias ca- ldlicas 4 los arrianos, por complacer 4 su madre que era sec- taria del gran enemigo de Cristo: aqui tambien, el impio rey Teodorico obligé al papa Juan a que fuese 4 Constantinopla en calidad de legado, para que el emperador Justino no persi- guiese el arrianismo: y habiendo cumplido el Papa con su de- ber, el de defender la verdad y restaurar las iglesias derriba- das por los herejes, al volver 4 Roma en quinientos veintiseis, lo prendié y aherrojé el rey sacrilego, llevandolo a Ravena, donde murié en la carcel agobiado de privaciones: y dego- llando en el mismo aio del martirio del Sumo Pontifice al sa- bio y piadoso fildsofo Boecio, y al virtuoso senador Simaco. Pero sucedié en el Occidente lo mismo que habia ocur- rido en Oriente: en nuestra Espafa tenemos que lamentar un ejemplo antiguo del cesarismo, consumado por el rey Wi- tiza, grande y magnanimo al principiar su reinadlo en el afio ‘ Theophan. Cedren. et Zonaras. in Leon Isaur. BERTI 8 I

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