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—4T7 -— rador. El Papa Juan IV. reuniendo un Concilio, condend el edicto del piadoso emperador ‘; y enténces faé, cuando éste es- cribié al Sumo Pontifice excusandose, y entre otras cosas, le dijo lo siguiente: « La Ecthesis no esobramia, nila he dictado yo, ni mandado escribir: no hice mas que condescender con la PE de Sergio, que me rogé que se rr en mi nom- bre ®. La sustitucion de un género de cesarismo por otro, es bien clara: el de los emperadores paganos, era un espectro aterra- dor que se presenlaba con cuchilla en mano, llevando en su corte la sancion de su voluntad despética: el de los monarcas herejes , se presentaba de otro modo; la astucia de los herejes le quité en apariencia la fealdad antigua, engalanandolo con un ropaje seductor para los principes y para los aulicos, cuyo oficio es, por desgracia, rodearlos de una atmdésfera humeante de adulaciones, en vez de disipar lo que la misma majestad terrena es tan propensa 4 crear, para que la verdad de las cosas les fuera manifiesta. El cesarismo, introducido despues de la victoria de la fe so- bre el paganismo, volvemos 4 decir, es una herejia, y consiste en haberse dicho & los reyes, que en razon de su potestad, pue- den intervenir en la administracion y gobierno de las cosas sa- gradas. Este error trastorna el érden instituido por Cristo, pues invierte el principio establecido por El de dar al César lo del Cesar, ya Dios lo de Dios. La concordia que Cristo sefalé en- tre ambas polestades, la de la Iglesia y la del César, esta encer- rada en esa sentencia: este es un ministro en su reino para las cosas temporales, cual es. el bien temporal de sus sibdilos: aquella tiene un cargo infinilamente mas noble y mas elevado, cual es la conservacion de la verdad y la administracion de las cosas espiriluales. El poder temporal conserva fronteras, cas- ‘ Baron. ad ann. 640, — * Amat. Histor. de la Igles. lib. IX. c. 8, Tomo 1, 12
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