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— 4165— pacio de tres siglos; y & ese cesarismo irracional debe la hu-. manidad los muchos millones de martires, que son la gloria de. Cristo y de su Iglesia. El César pretendia que el cristiano no adorase a Dios , y éste le contestaba que el mismo Hijo de Dios le habia dicho, que , en ese caso, no obedeciese al César , por- que el César no podia mandarle lo que fuese ofensa de Dios: el: gran lema: Dad al César lo del César, y a Dios lo que es de Dios , era la luz que iluminaba a los martires, y los llevaba alegres , contentos y risuefios 4 tribunales, que deslumbraban por sus riquisimos ornatos y por sus guardias , y sus cénsules - eubiertos de oro, y horrorizaban por los potros, caballetes, ruedas de cuchillos, toros de bronce colocados sobre hornos de fuego, y muchedumbre de verdugos feroces, que se veian en los patios, esperando al cristiano que no obedecia al César en lo que le mandaba contra Dios, ane deshacerlo entre mil su- plicios. Jesucristo habia publieado los principios de Wiseolia ‘natu- ral y divino , que constituyen la sociedad en el érden religio- so y en el politico: y esta doctrina bastaba para que, puesta en practica, viniese a tierra la mole inmensa del cesarismo, mole prefigurada en la estatua que vid Nabucodonosor, la cual, a pesar de constar de cuanto constaba el cesarismo, de fuerza brutal significada en el hierro, de pujanza mililar significada en el bronce, de riquezas sin fin y de a'tivez imperial signifi- cadas en la plata y el oro, tenia piés de arcilla , y cayé. al im- pulse de una piedrecita desprendida de un monte sin auxilio de mano humana ‘. Por medio de esa doctrina, se ponia en armo- nia lo visible con lo invisible; lo natural, con Jo sobrenalu- ral; lo temporal, con lo éspiritual; la verdad eterua, con los resultados temporales ; el principado y sus derechos y obliga- ciones, con la sujecion y los deberes de! subdilo ; la obedien- + Dan. cap. Il. v. 34.

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