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— 153 — va; yen una y r otra Aerecieron muchos reyes santisimos , que gobernaban a sus pueblos en justicia y equidad , y con una economia verdaderamente paternal. Reinaban enténces: Wen- ceslao en Bohemia, Canuto en Dinamarca, Casimiro en Polo- nio, Roberto en Francia , Eduardo en Inglaterra, Enrique I. en Alemania, Cunegunda en las Galias, y Estéban en Hungria. En medio de las turbulencias de Roma, hubo papas santisimos, distinguiéndose entre ellos San Leon IX. y Silvestre Il. el gran sabio y literato de su tiempo. Tampoco impidieron las conmo- ciones frecuentes, el que hubiese hombres eminentes en saber y Virtudes, como San Anselmo obispo de Laon , Hincmaro de Reims , Rabano de Maguncia, Lancfranco de Contorber y otros muchos , ni que ocupasen las catedras episcopales obispos san- tisimos y de gran erudicion. En aquellos tiempos era cuando vivian San Udalrico de Ausburgo, Eriberto de Colonia, Ful- berto, é Ivasde Chartres, Arnulfo de Soissons , San Anselmo de Contorber, y los cardenales Humberto y Pedro Damiano con otros muchos, cuya santidad emulahan, asi como su gran saber , los santos abades y monjes Odilon, Teobaldo, Rober- to de Angulema, Abbon de Floriac, Romualdo y Bruno. ; Es esto esterilidad? ; Ah! Diéranos Dios siempre estas esterili- dades. Y¥ puesto que hablamos de todo el Occidente, a fuer de hi- jos de la gloriosa nacion de Recaredo, no podemos pasar en silencio lo que en aquellos siglos pasaba en nuestra Espafia. Enténces vid la Espafia el ejemplo admirable de Alonso IY. de Leon, que despues de cinco afios de reinado, se hizo monje en | Sahagun, abdicando el reino con todos sus honores, aunque desgraciadamente no perseveré en su retiro. Al poco vid 4 Don ‘ Ramiro II. dando tales batallas a los moros que mat6 ochenta mil en la de Simancas, y les causé despues la mas horrenda car- niceria en las riberas del Tormes: y este mismo rey, al propio tiempo, erigia monasterios, levantaba basilicas y gobernaba sus
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