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=i principios justos. y, sanos, y las pasiones malas de unos pueblos acostumbrados al desarreglo, para. poder. establecer los fueros’ de la autoridad y la justicia. La arrogancia de reyes, improyi-. sados por una parte, la fiereza indémita de muchas, tribus que se mezclaron, para no formar con el tiempo sino un pueblo com- paclo y homogéneo en creencias y costumbres , tenian que pro- ducir choques violentos, los cuales no desaparecerian sino a fuerza de tiempo, y por medio de la. influencia moral, y dulcifi- cadora del catolicismo, que al fin: alcanzo esta victoria. sobre reyes y pueblos. Proseguirémos el relato de los hechos publicos del mismo pueblo, y verémos que en medio de las convulsiones y trastornos de aquellos tiempos , habia'y reinaba enténces ana - idea grande y capital, capaz ella sola de regenerar, la sociedad y civilizarla. @. U. ul peiasipio de aria - Donde no existan convieciones profundas estes: las. réla¢io- nes sociales, qué ligan a los hombres entre si, no puede haber Orden’, ni, por consiguiente, gérmen de: ilustracion y civiliza~ cion. Una de estas convicciones es la del principio de autoridad, el ‘cual viene a ser como un fluido eléctrico , que , saliendo del punto gerarquico, donde reside la autoridad, va’ recorriendo con su influencia todas las partes del edificio social, y unifica a cuantos tienen contacto con. ella: De donde resulta: que, sila’ potestad de mandar se:ejerce con: bondad y justicia, todo el cuerpo social vive en union perfecta, resultando lo contrario, si aquella degenera en despotica, é\se enerva' por inercia 6 in dolencia ; pues, en el primer caso, lainfluencia es violenta, ¥ puede inflamar los animos y producir explosiones; yy en el se- gundo, ser ocasion desrelajacion de costumbres: y de menos- precio de la misma potestad:.

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