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=—ii-—- incomunicable 4 las criaturas en su naturaleza infinita. Humil- de eminentemente, sabio sin afectacion , é ilustradosin orgullo, disté infinitamente de Fichte , y de Hegel, que no han sabido en- contrar la unidad infinita, sino haciéndose 4 si mismos un absoluto primitivo, delcual pretenden que tome su existencia el Sér infinito, dandole una existencia puraménte subjetiva’ y conceptualista, 6 cayendo en el panteismo mas absurdo, di- ciendo que cuanto hay en el mundo es parte de Dios, y con- cluyendo que hasta las piedras son Dios y que el hombre que se mueve, es un atomo del gran compuesto que se llama Dios. La diferencia entre estas filosofias no es corta: San Anselmo se elevaba al conocimiento necesario de Dios por la contemplacion de las perfecciones criadas , miéntras la ciencia moderna cons- tituye la existencia de Dios en el yo absoluto de cada uno de los entendimientos criados, lo que equivale al mas refinado ateismo, 6 divide 4 Dios en tantas formas y le da tantas evo- luciones, que plantea el mas sae hd y Ste pan- teismo. Llegamos ya como por grados a uno de los periodos mas bellos que la ciencia ha tenido: de San Anselmo venimos 4 San Bernardo, y de éste sin esfuerzo alguno tocamos 4 Santo Tomas de Aquino, a Alberto Magno, a San Buenaventura de Bagnorrea, a Alejandro de Ales, y con ellos 4 aquella pléyade de sabios y filésofos, que florecieron en el siglo décimotercio. En presencia de quien haya leido la historia de aquellos tiem- pos, nadie tendra la temeridad de decir, que en ellos no se cul- tivaban las ciencias y que yacian todos en la indolencia. No sabemos, que en los tiempos actuales suceda lo que enténces acontecia : recordarémos todavia 4 San Anselmo, verdadero sa- bio, y 4 Abelardo verdadero sofista, y al sin par Abad de Cla- raval, y por lo que sucedia con estos hombres en‘los siglos undécimo y duodécimo, comprenderémos que el amor del saber era una especie de pasion de los hombres de aquella época; y a

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