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i — 110 — del conjunto sorprendente de séres que hay en el mundo. Asi filosofaba San Anselmo en su Monologio *. Buscaba la unidad absoluta 4 infinita, y solo la hallaba en Dios, de quien proceden todas las cosas por la creacion, no por la emanacion : por la comunicacion que hace a las criaturas, no de su esencia ni de sus atributos negativos, que son incomunicables , sino de las perfecciones que estas pueden recibir enel érden fisico y mo- ral, dando 4 todas el ser, a algunas el crecer y multiplicarse, a otras la sensibilidad , y a otras la espiritualidad y Ja inmortali- dad, y agregando 4 estas cualidades la gracia sobrenatural. Buscaba la perfeccion suma y la virtud infinita, y la encontra- ba en el sér infinite, no porque éste se desenvolviese en nuevas formas en cada una de las perfecciones que vemos en las cria- turas, sino porque esta perfeccion tenia que ser absoluta en si misma, sin admilir gradacion con las que vemos en los séres creados, no siendo superior ni inferior a si misma, sino infinita en simisma, divina en su esencia, divina en sus actos inter- nos, divina en sus operaciones externas: pero sin que fuese parte de Ja divinidad nada de cuanto hay entre los séres visi- bles, pues sus perfecciones les vienen de Dios, pero ninguna de ellas es parte de Dios, ninguna es esencialmente noaenie. sino contingente y transitoria. No se glorien los filésofos modernos de haber ftiventailo esos sistemas tan mal entendidos, peor explicados y pésima- mente aplicados de su ciencia trascendental y conceptualista, pues eran conocidos en la Edad Media. Mas adelantado que Descartes anduvo San Anselmo, al elevar al hombre del conoci- miento de su propia existencia, probada por el hecho de pensar, al conocimiento de una inteligencia infinita, que se habla a si misma y tiene su verbum mentis , este verbo por quien hizo todas las cosas , quedando él esencialmente indivisible , impartible, é¢ Lib, Leap. IX y X.
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