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—9— der, el Espiritu Santo un minimum de poder, 6 una nulidad de poder por no ser de la sustancia del Padre, y sin embargo, afirmaba que este Espiritu Santo era el alma del mundo. Esto nos dicen de Abelardo los escritores de su tiempo, y entre ellos Oton de Frisinga ‘. No han dicho mas los filésofos se cuando iy aren San Bernardo escribia al cardenal Guido del Castillo, Papa des- pues con el nombre de Celestino I. sobre los ernerendle tie” lardo , le decia *, que al hablar de la Trinidad era arriano; al tratar de la gracia, pelagiano; al tratar sobre la persona de Cristo, nestoriano. Y nosotros, ;qué diremos cuando vemos como forma la idea de Dios el filésofo Scheling , cémo compone la Trinidad Hegel, y como la hace y ladeshace Fichte? Dirémos que hacen lo mismo que hacia el racionalista Pedro Abelardo, llevando la confusion al seno de la ciencia en Francia, lo mis- mo que hacia su imitador Arnaldo de Brescia en Italia. El pan- teismo moderno , el racionalismo y el-estupido naturalismo, no son modernos : son espectros que han salido del sepuloro del fundador del Paracleto, del padre del espureo Astrolabio, Pero ese hecho de la Edad Media es una prueba, de que existia enténces en la sociedad una ilustracion finisima en ella. Muy bien conocian esa filosofia de las abstracciones los Obispos que se reunieron en Sens para examinar Jas doctrinas de Abe- lardo: muy bien.las entendia el gran Abad de Claraval que, por obediencia solamente y no por emulacion ni por espiritu de vanidad , como se atreve a decir temeraria y calumniosamen- te el protestante Moshein *, asistié al Concilio para disputar publicamente con el heresiarea , pues lo habia pedido el Ar- zobispo de aquella ciudad. Pero esos.Obispos, y con ellos toda la Iglesia , tenian otra filosofia mas alta y sublime que la del ‘ Lib. I. de Gest. Frederic. 3. Ep. 192. * Inst. Hist. Eccl. secul. XII. part. Il. cap. Il, §. 40.

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