BCCPAM000380-3-12000000000000

NSE —173— habian de llamar bienaventurada. todas las generacio- nes. (1) Pero ;Qué contraste! ;Qué prueba para el Co- razon de Maria! Estas mismas glorias no solamente se eclipsaron, sino que aun se vieron como amenazadas de un total esterminio: porque apenas ha nacido el Hijo, que es la causa de ellas y se las ha de conservar, tiene que huir con él al extrangero para salvarlo; y despues de vol- ver del destierro, lo pierde; y cuando empieza 4 manifestar- se como el ungido del Sefior, se levantan por todas partes enemigos crueles; y por fin, unidos: estos en conspiracion infcua, se lo arrebatan, lo cargan de cadenas, lo atraillan 4 tribunales, lo insultan, lo befan, lo azotan, lo escupen, lo injurian y escarnecen, y lo clavan en un madero, siendo la desgraciada madre testigo ocular de tan inauditas afren- tas y crueldades. ;Ah! Si en medio de tantas y tan varia- das escenas de sangre y horror, pudiéramos contemplar el estado del Corazon de la Virgen, veriamos que) su- cede en él lo que acaece en el de su Hijo en iguales cir- cunstancias; pues resuenan en ¢l las voces de bendicion y alabanza al Seiior, que la predestiné 4 lo que predestiné . & su propio Hijo, que fué 4 padecer y morir. Bajo este punto de vistd hemos de considerar atenta- mente los padecimientos y dolores del Corazon de Maria, que no solo sufriéd con sumision y alegria lo que Dios dispuso que sufriese en compaiiia de su Hijo, sino que estaba ademas dispuesta 4 padecer mucho mas por amor del Sefior y nuestro, que es precisamente lo que consti- tuye el espiritu de sacrificio, con que nos ponemos total- mente en manos de Dios. Si nos reservamos alguna parte (1) Beatam me dicent omnes generationes. Luc. cap. 1. v. 48.

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz