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a Ba 4 3 ne 4 ae oo — de esta victimia, ya nd puede ser acepto al Sefior el sacri, ficio, porqite no ¢s'compléto. Maria Santisima estaba tan sacrificada al amor divino, qiie con la misma alegria de espfritu, ‘eon que enton6el c&intico de alabanzas 4 Dios al oir sus elogios, por haber sido clevada 4 ser su madre, lo hubiera canitado en la cima del calvario, cuando’ dividfa con su Hijo los Indibrios y las amarguras: venian sobre ella golpes y mas golpes de dolor, y'ni uno solo la heria, que dijese siempre & Dios que- su corazon estaba ‘prow to recibir mas. (1) Bramaba la tempestad con furia, sin que los hombres cesasen de ultrajar 4 su Hijo, ni el cielo destilase sobre él y sobre su Madre una gota de rocio, y del corazon de Maria no salia mas voz que lade la _ conformidad diciendo: «Sea ast, 6 Dios m4 porque ast fué de tu agrado.» (2). e este modo ardia esta ‘otitnn vattehian 4 los ojos de Dios, subiendo el ‘suavisimo olor del sacrificio ‘en union del de su Hijo “4 la presencia del Padre, y pidién- dole gracia para los ‘pecadores. Aprendamos del Cora- zon de Marfa 4 sufrir todas las penas con igualdad de dnimo: muchas veces al considerar el heroismo de” los martirés, envidiamos su suerte; 'y entre tanto, apenas los hombres nos contradicen ligeramente, 6 nos hacen una leve injusticia, nos Henamos de ira y aun prorrumpimos en palabras asperas. ;Miserables! Y, ;Querremos subir 4 la sublimidad de la escala que nos lleva al cielo, ni dar un paso en sus primeras gradas? Formemos pues la re- (1) Paratum cor meum, Dons, paratum cor meum. Psalm. 56. y. 8. “ Ita Pater, quoniam sic fuit plicitum ante te. Math. cap. 11. v.

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