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—172— las cuerdas y cadenas: lo llevaba en sus brazos, y veia los de la cruz; lo veia dormir, y lo contemplaba muerto: besa- ba sus manos y pies, sus hermosas mejillas y su dulcisima boca, y consideraba que el hierro haria horrendos agujeros en las palmas, que la manopla desencajaria el rostro y que las manos sacrilegas rasgarian los divinos labios. (1) Es por tanto el corazon de la Virgen una victima de amor, que arde con el mismo fuego que abrasaelde su Hijo, y se inflama mas y mas con la vista de este Hijo, y se veré al fin enyuelto entre tantas Hamas, que quedaria destruido, si una fuerza sobrenatural no la sostuviese. Estando el Corazon de la Virgen sacrificado entera- mente, no es de admirarse tanto el sacrificio mismo, co- mo el espiritu con que lo ofrece. Unense en aquel la sen- sibilidad propia de la naturaleza racional, la conformidad con la voluntad divina y la alegria interior del alma en medio de los trabajos, y apenas podré decirse cual do estas tres afecciones del alma tiene la supremacia en su corazon; y si alguna sobresale, es quizis la alegria del espiritu. ;Con qué amor, con qué ternura, con qué carifio acepta la esclava del Sefior todos los trabajos que este — quiera enviarla! ;Con qué modestia y silencio exterior los sobrelleva! ;Con qué alegria interior los ofrece & su amado Hijo! Era sin duda Ja mas dichosa de las mugeres, cuando eoncibié por virtud del Espiritu Santo; y habiéndola este dado un verdadero raudal de luces, no quiso que dejaso de saber sus propias excelencias, y hasta él mismo mo- vid su lengua para que las publicase cuando dijo, que la 1) Qnoties videbam ejus manus, et pedes, toties animus .meus Hovo anes absorptus est, quia cogitabam quomodo crucifigeretur. Revel. B. Birgit. Lib. 6,0. 7. ©
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