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eh ee Soe ee 2 a ee —164— mento 4 la dignida d de madre de Dios: y viéndose preci- sada & hablar de su persona, no se da otra calificacion sino la de Ser esclava del Sefior. Despues_ de esta clevacion de la Virgen, 1la sobrevienen, uno tras otro, momentos dehon- raya‘alabanza inconcebibles, y en ninguno de ellos abre sus “labios, sino es cuando una alma inspireds la engrandece: y ‘entonces, solo lo hace para dar gloria al Sefior, y repetir siempre que ella no es mas que una fafima esclava (1). Vé postrados 4 los pies de su Hijo & los pastores sencillos y & los reyes del Oriente: vé que en el templo. Te prodigan las almas justas encomios y c&nticos, y ella no despliega sus labios; pero seguramente dentro de su corazon repe- tia siempre las mismas_ palabras, Hamfndose sin cesar la _esclava del Seftor. Tan desprendido de si mismo se muestra Sf” corazon do Marfa en estos lances, como en aquellos en que el dolor y la amargura lo acometen en todas direeciones, 'pues esté entregado todo en manos del Sefior y sabe que él es quien forma la luzy cria las tinieblas, quien da la paz ’ permi- te los males (2). Muéstrase pacifica, prudente y silenciosa cuando advierte que su casto esposo tiene su corazon turbado por ignorar el origen de su gravidez; humildey sumisa se refugia en un portal desabrigado para piadsce de las inclemencias del tiempo: tranquila y modesta. sube sobre una jumenta para huir 4 paises extrafios, y estar en ellos el tiempo que Dios determine; y conforme y alegre, P pasa su vida entre gentes incultas, viviendo en casa pobre, aliment&ndose con escaseces, J: vistiéndose con sencillez.;Ah! (1) Lucm, cap. 1. ¥. 48, (2) Isai capt 45. v. 7.
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