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—+if63— éQuién. no advierte la semejanza que hay entre la ab- oe del Hijo y la de la Madre? Descendjé este. del cielo, y al tomar.un cuerpo liumano en las entrafias de Ja Virgen, yvid que miles de holocaustos no habian bastado 4 borrar el. crimen de rebelion, por el cual entré la muerte en el mundo; y hablando |con su Padre, le dijo que yenia “dispuesto |a hacer su voluntad, yen este pensamiento per- manecid hasta que.dis la fltima prueba de la exactitud _con que lo -cumplia, muriendo en un madero. (1). {Qué testimonio tan irrefragable de esta abnegacion es Bo} &nimo inalterable, aquel silencio perpétuo, y ¢ uella serenidad celestial que Maria conservé en tantos’ ances aflictivos, como tuvo. en su larga vida! ;Qué exhuberante en luces de gracia y gloria aparece esta abnegacion, en los momentos en que abundan en ella los fayores celestiales y _la rodean los honores terrenos! Porque tanto la prosperi- ‘dad como la adversidad son la piedra de toqne, donde se ye si da abnegacion, del hombre es tan fina como el oro; y mu- -chas veces Sucede que una alma se muestra sumisa y abne- ues una mirada de complacencia Eyer “sobre e misma, |cuando. los favores del ciclo descienden “sobre ella, bastando. esto para que levante su cabeza altiva el amor propio, y. se dé 4 si misma, la gloria y el honor, que “solo, Pertenece & Dios. :Ah! jCuantas : almas |sé precipitan en iu “el abismo de la perdicion eterna en medio de los honores, Jas ‘ onal es se : salvarian, ‘Si, conservasen ¢en la prosperidad aquella nmildad y abnegacion, que tenian en los dias, en que Jas ‘acometian las tribulaciones! Maria es sublimada en un mo- (1) Hebre. cap. 10. v.{8. 9.
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