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—162— Y no debemos de estrajiar que la falta de seigesion de la propia voluntad sea ‘el principio de ruinas y caidas la- mentables, por haber sido este el pecado de Lucifer, quien, asi como los que le imitan, hubiera con su altaneria in- . tentado dar muerte, si le fuera posible, al mismo Dios. (1). Fué por lo mismo esta virtud, aquella de la cual el Hijo de Dios humanado nos dié mayores pruebas: y como el primer discipulo de su escuela fué la Virgen Marfa, por haberlo concebido antes en su mente que en su seno,en ningun corazon eché esta virtud raices mas hondas que en el de esta purisima Sefiora. Instruida desde el primer momento de su existencia por la uncion del Espiritu Santo, en los males que la soberbia de nuestra primera madre introdujo en la humanidad, y sabiendo que sin la abnegacion no es posible entrar en la escuela de la verdad, se desprendié Maria desde entonces de toda su voluntad, y sacrificé su al- bedrfo en las aras de la yoluntad divina, diciendo al Sefior qué ella estaba dispuesta en todo & hacer su’ beneplacito: y en este primer pensamiento permanecié hasta el dltimo ‘momento de su vida mortal. Cuando tuyo que descubrir esta abnegacion de su corazon virginal 4 lo que: Dios-dis- ponia de ella, se Hamé sierva y esclava del Sefior: y bien podia decirlo, pues ni en dicho, ni en hecho, ni aun en pensamiento contradijo jamas & los mas leves »“preceptos— del altisimo, no reservando para si misma ni un ftomo © ‘de ‘su propia libertad, sino dandosela toda entera4 Dios. @) A): Voluntas propria, quantum in se est; ton agen Down- Div, Bernar, Serm. 3, de Resurrec. (2) O vera ancilla, que neque dicto, neque facto, neque oie unquam contradixit Altissimo, nihil sibilibértatis réservans;. sed sem- .(Per por omnia subdita Deo, Div..Thom, a Villan. canc. de Assumpt.
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