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— 280— PUNTO SEGUNDO. Si la omnipotencia de Jesucristo se deja ver admi- rable al convertir la sustancia del pan en su cuer- po, y la del vino en su sangre, aun aparece mas por- tentosa cuando determina que los apéstoles y sus sucesores en el sacerdocio de la nueva alianza hagan hasta el fin del mundo lo mismo que él hace en su iltima cena. Si en la realizacion de este portento, que excede infinitamente al de la creacion del cielo y de la tierra, toméran parte las Virtudes y Potes- tades soberanas, se pasmarian estas de espanto, pues estén sobrecogidas de temor santo, tan solo por tener que asistir cerca del trono de la divinidad. Sin em- bargo, no son los angeles los llamados 4 tomar parte en esta obra, sino los hombres caducos, fragiles y miserables, lo que no puede pensarse sin llenarse uno de asombro: porque Dios es omnipotente, y puede hacer todos los portentos sin necesidad de mas au- xilio que su propio querer; mas precisamente para obrar el mayor de los milagros, exige que la fragili- dad humana tome parte directa con el poder divino. jAh! ;Quién contempla este prodigio de dignacion sin deshacerse en actos de humillacion y de agrade- cimiento? Al conferir Jesucristo 4 sus apéstoles esta digni- dad que los eleva sobre los espiritus angélicos, no alter6 ni cambié la esencia de su naturaleza, y solo les dié la gracia, con la cual ejerciesen santamente las funciones sacerdotales. ;Quién podré por tanto cesar de alabar la bondad de Jesucristo, que ha que- rido dar imperio sobre su sagrado cuerpo 4 criatu-

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