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—272— na. Porque es cierto que antes que viniese al mundo Jesucristo, muchos hombres habian ensefiado 4 losde- mas los caminos de la justicia y rectitud: mas ningu- no podia proponerse por modelo, no siendo ninguno de todos los justos mas que una copia ligera de san- tidad y virtud, delineada del Gnico original que ha ‘ habido, que es el Hijo de Dios. Por consiguiente, so- lo este que es esencialmente inocente, santo y sin mancilla, y esté apartado infinitamente de los peca- dores, despues de haber dado 4 los hombres los pre- ceptos que habian de guardar, y las leyes que debe- rian observar, pudo decir con un convencimiento in- falible de su propia santidad 4 sus enemigos, que ninguno de ellos podria argiiirle de pecadu: 1 y 4 sus amigos, que hiciesen cuanto le habian visto prac- ticar, pues les habia precedido con el ejemplo. 2 Pero jcu4n grande es la sabiduria y la bondad de nuestro Salvador! Sabiendo él, que los hombres no hacen generalmente sino lo que ven en los que los preceden en edad, dignidad 6 gobierno, y que no si- guen facilmente el camino empezado, si no tienen quien los guie y conduzca, se dignéd quedarse con ellos para siempre en la Eucaristia, para que vean en él sin cesar el modelo de sus acciones. Porque aunque Jesucristo est en el sacramento, tan glorioso é inmortal como 4 la diestra de su Padre en jos cie- los, es una victima perenne de caridad, que repre- senta cuanto hizo y padecié en el Calvario: y como alli estuvo crucificado, aqui est& ensefidndonos que hemos de crucificar nuestra carne con sus vicios y concupiscencias, y no pasa un momento sin decir 4 2 Joan. cap. 8. v. 46.—? Ibid. cap. 13. v. 15.
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