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— 262 — sobre nosotros Ja gracia implorada con esta ofrenda? Grandes son los motivos que tenemos para alegrar- nos, al saber que Dios oye nuestras oraciones por medio de su Hijo, y que no depende de nuestras obras la virtud y eficacia de esta ofrenda divina: pe- ro esto mismo debe inspirarnos mayor reverencia hfcia los misterios sagrados, y un temor santo para acercarnos 4 recibirlos. Mira, alma cristiana, el especticulo inefable que se representa entre el cielo y la tierra, cuando el sacerdote eleva al Sefior este don preciosisimo: en aquel momento estén mirando fisu rey todos los féngeles, y penetrados de una ad- miracion extdtica, le cantan himnos de alabanzas, y entre ianto el eterno Padre se complace en su Hijo, diciendo siempre, este es mi Hijo el bien amado:' y al verlo inmaculado y santo, echa una mirada de amor 4 los hombres, y los bendice, ratificando el pacto de amistad, que existe entre el cielo y la tierra. ;O Dios de bondad! ;Qué hubiera sido del mundo, si no estu- viese rogéndoos por él sin cesar vuestro propio Hijo hecho hombre? ;Y en dénde estarias ta, alma cris- tiana, que tantas veces has asistido al sacrificio del altar sin devocion, y sin pensar en el santo de los’ santos, 4 quien en su propia casa ofendias con tus conversaciones profanas, y con tu falta de decoro, si el mismo, 4 quien ultrajas, no pidiese por ti 4 su Padre? ;Ah! Teme y tiembla, no sea que, bajando del cielo las bendiciones por los méritos de esta ofren- da, caigas en la maldicion, que sobreviene 4 los que hacen las obras de Dios con negligencia. + 1 Mat. cap. 3. v. 17.—? Jerem. cap. 48. v. 10. ~€

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