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— 261 — senta con amor, se derraman sobre ¢] mil bendiciones celestiales. ;Ah! ;Para qué querra el Sefior, que es in- finitamente rico, que el hombre le dé lo poco que tiene? “Quando nos dice Jesucristo, que dejemos lo que “tenemos por su amor, no pretende despojarnos, sino “enriquecernos; intenta que se perpettien nuestros “bienes, n6 que los perdamos: y quiere que los tras- “Jademos al cielo; né que desaparezcan.”’ : Considera por tanto, cuénta es la bondad de Dios para con los hombres, pues nada pueden ofrecerle estos que no hayan recibido de su mano misericor- diosa, ni tampoco le presentarfn oblacion alguna, por rica que sea, que no sea en su presencia sits y ceniza. Mas, queriendo que tuviesen un don _precio- sisimo y de valor infinito, les dié 4 su propio Hijo, para que se lo ofreciesen sin cesar, se complaciese él eternamente en esta ofrenda, estuviese siempre en pié la comunicacion entre Dios y los hombres, y no cesase ni por un solo momento de descender sobre ellos su misericordia. ;Qué bondad tan inefable! En otros tiempos ofrecian los hombres 4 Dios victimas de corderos inocentes, 6 semillas escogidas de la tier- ra, y subia su olor gratisimo 4 la presencia de la magestad infinita, si la oblacion era hecha con dni- mo sincero. Y eran gratas 4 Dios estas oblaciones, tan solo porque eran una sombra ligera del gran don del cuerpo y de la sangre de su Hijo, que nosotros le habiamos de ofrecer, despues que él muriese por nuestro amor. jCon qué celeridad no penetrard los cielos nuestra oracion, si va hecha por los méritos de este Hijo humanado? ;Con qué abundancia no bajar 1 Div. Pet. Chrisol. Serm. 12. de terr. rer. cur. despicienda.

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