BCCPAM000342-8-20000000000000

oo Ee aCe SNES ne eter eee er a ay i — 258— PUNTO SEGUNDO. Para conocer mejor la grandeza del don que Dios nos hace en la Eucaristia, hemos de considerar el modo cémo nos lo da: porque alli es donde, por decirlo asi, Dios nos regala 4 su Hijo completo en la consu- macion de los misterios, y de todas y cada una de las obras que ejecuté por nuestro amor, y en la ple- nitud y superabundancia de las gracias y méritos, que gané en su vida y en su muerte. Diérasenos en la en- carnacion perfecto en sus dos naturalezas, mas sin haber padecido la muerte en que se completaba nues- tra redencion: se nos dié en el Calyario como victi- ma de salud, mas faltaba la Resurreccion, de la cual resultaria nuestra victoria sobre la muerte: se nos dié en su Resurreccion glorioso é inmortal, mas fal- taba la Ascension, en la cual abriria las puertas del cielo, para que pudiéramos entrar en él. Entre tanto en el sacramento del altar se nos da en toda su ple- nitud, pues encierra una por una las obras del amor diyino, que Jesucristo ejecuté desde el momento de la encarnacion hasta que se senté 4 la diestra de su Padre. jO milagro de los milagros! ;O piélago de la inves- tigable bondad de Dios! Para hacernos este don, se renuevan misticamente en un instante los portentos, en cuya realizacion quiso el mismo Dios emplear treinta y cuatro afios: alli viene el Hijo de Dios con su humanidad, y no lo vemos; es victima de salud, y no muere: tiene todos los resplandores de su natura- lezadivina, y no deslumbran nuestra vista por estar encubiertos con los accidentes de pan. Cuanto Jesus

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz