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— 259 — posee como Dios y como hombre, otro tanto se nos da, sin que se nos niegue nada: una magestad infini- ta, una humildad gloriosa, una victima inmortal, que aboga sin cesar por los pecadores, y encubre sus res- plandores eternos bajo el velo de cosas sensibles, para que el mortal se acerque 4 ¢l sin temor, hé aqui Jo que recibimos en la comunion. ;Quién considerard la grandeza infinita de esta donacion que Dios nos ha- ce de si mismo, sin anonadarse en su presencia, y sin abrasarse todo en su amor, diciéndole con un profeta gQuién habrd semejante d ti en los fuertes, é Seftor? gQuién semejante d ti, magnifico en santidad, terrible y loable, hacedcr de maravillas? 1 Considera por tanto, cu4n negra es tu ingratitud 4 este beneficio, y cuén inconsecuente eres en tus obras y en tus creencias. ;Crees que Jesucristo es tu Dios, y no lo adoras: que es tu juez, y no lo temes: que es tu salvador, y no lo amas: que es tu redentor, y no se lo agradeces, y que es la suavidad infinita, y ° no te recreas en ella? O miserable, que estés delante de Dios, y no lo reconoces, y recibes beneficios, sin querer amar al bienhechor! Oye lo que el amantisi- mo Jesus te esta diciendo desde la Eucaristia: he sido hecho el oprobio para todos mis enemigos, principal- mente & mis vecinos, : y en su corazon he sido echado en olvido, como un muerto.s ;Ah! Se dirigen estas quejas 4 los eristianos, que se han olvidado del amor e Dios, y viven como si no hubieran recibido su ley de caridad: pero no seas ti del ntimero infinito de los necios, que no piensan en Dios y en sus benefi- cios, y tienen cubierta la tierra de desolacion: sea 1 Exod. cap. 15. v. 11.—? Psalm, 30. v. 12.—% Ibid. rv. 13. bit a rae

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