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tO no ya humana sino angélica, es capaz de apreciar aquel acto, en que parece que Dios derramé de una vez todas sus riquezas, para dar al hombre el tiltimo don que podia darle estando en esta vida? Cuando nsamos en los dones de naturaleza que Dios nos a hecho, déndonos una alma racional y espiritual, y decoréndonos con el imperio de los seres visibles, nos vemos precisados 4 decir con el profeta, que no sabemos porqué Dios se acuerda del hombre: al considerar las gracias que nos ha dado, para que nos santifiquemos, sin que hayamos podido merecer ni aun la mas minima, pues son gratuitas, faltan las palabras para explicar lo que es la bondad divina: mas al contemplar que un Dios nace de una virgen, y muere en un patibulo, y se nos da en la Eucaris- tia, ;quién podré hacerlo sin quedar aténito por la dignacion, y sin abrasarse en un incendio de amor de Dios, admirdndose de tanta caridad y regocijandose en tan admirable donacion? ;Ah! La vida del eristia- no debe ser un tejid» continuado de alabanzas y bendiciones al cielo por los favores recibidos, y “el “alma, que no corresponde con su gratitud 4 este “altimo beneficio, bien cierto es que esté muerta de- “Jante de Dios.” : O Jesus mio, libradme de seme- jante calamidad, y dadme la gracia para recibiros en espiritu de humildad, y corresponder con el agra- decimiento al misterio de yuestro cuerpo, con que cada dia nos alimentais y santificais, y nos haceis ’ participantes de vuestra divinidad santisima. 1 Psalm. 8, vy. 5.—? Div. Bern. Serm. 14. in Isai. 90.

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