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— 256— en el cedro de cien aiios, y en los astros = adornan — la béveda del firmamento, y estén cantando dia y no- che las glorias de su ecriador. Pero si las operaciones misteriosas, que sabemos que existen aun en la si- miente mas imperceptible de la tierra, embargan nuestra inteligencia, y laobligan 4 reconocer la mano del criador, ;qué asombro no debe causarnos el pen- sar el fin, que Dios se propone en conservar este mundo tan hermoso y tan admirable? Al considerar esto, se descubre al momento el amor infinito, que Dios tiene al hombre: porque ha- biendo criado todas las cosas por si mismo, ' no pa- rece sino que en todas sus obras iba unido 4 la ma- nifestacion de su gloria el designio de la felicidad y del engrandecimiento del hombre: y prueba de ello es, el haber sugetado 4 sus piés todas las cosas ter- renas, los cuadrapedos, las aves del cielo, y los peces del mar, # para que las rigiese y dominase, y se sir- viese de ellas como sefior. Tanta liberalidad y mag- nificencia, ;qué otro fin podia tener despues de la gloria del nombre divino mas que la felicidad del hom- bre? Para que este la busque segun sus designios, ha- ce Dios que el sol salga cada dia, contiene el furor de los vientos, refrena los rayos del cielo, comprime las tempestades, y envia el rociode las nubes: de tal ma- nera que desde que el hombre sale de la nada, esté recibiendo siempre dones de Dios, y por toda la eter- nidad estaré Dios déndole, y él recibiendo favores. Sin embargo, si el entendimiento se pasma al con- templar que Dios pone en accion su omnipotencia para conservar 4 un solo hombre, ;qué inteligencia, —_— 4 Prov. cap. 16. v. 4.—* Psalm. 8. v. 9. ~t
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