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eer eee See erie ree mcerenr verte. ew ae ine te en la otra, no hay proporcion adecuada entre su destino y la naturaleza de las cosas visibles para que sea dichosa en su posesion: y ni aun el trato mas in- timo y familiar con los es Frits angélicos es capaz de proporcionarle esta dicha, por haber sido criada para que vuele 4 Dios como 4 su fin, y se una con él. Y es por cierto irrefragable el testimonio de esta verdad que nos suministra nuestro propio corazon, el cual no encontrandose satisfecho jam4s con lo pre- sente, est4é suspirando por lo venidero, hasta que es— pira entre las ansias de mil deseos que no se le han cumplido. ;Ah! Los mismos secuaces de las vanida- des mundanas, despues de haber nadado entre place- res y riquezas, confiesan paladinamente esta verdad, cuando su conocimiento no les acarrea ya mas que desesperacion: pues al verse arrancados por fuerza en la hora de la muerte de esas mismas riquezas, que son ya para ellos un motivo de horroroso remordi- miento: y al exclamar que han errado del camino de la verdad, ' afirman & pesar suyo que el hombre no es dichoso sino en la posesion de Dios. {Quién port por lo tanto alabar dignamente la bondad del Sefior, que satisface con tanta supera- bundancia los deseos de nuestro corazon? Cuanto per- fecto y hermoso vemos en los seres criados, no es sino un ligero rasgo de las perfecciones y de la hermosu- ra del ecriador: y es tan inefable el deseo que este tiene de la felicidad de su criatura predilecta, que ha querido darse todo él en posesion suya, no solo en el cielo, sino tambien en la tierra. ;Podra en efec- to desear poseer otra cosa quien recibe 4 Jesucristo 2 Sap. cap. 5. v. 6.

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