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— 249 — co, sino en desear serlo.” 1 Mas jcémo ha de permi- tir Jesucristo, que tengan los deseos de un pagano, los que han sido enriquecidos con el tesoro de su cuerpo y sangre? O alma cristiana, anonddate y hu- millate al considerar cuanto tiempo has dedicado 4 la vanidad, al ornato de tu cuerpo, y & complacer & los mundanos, sin haberte dado estos mas que sinsa- bores é ingratitudes. Entrégate toda 4 Jesucristo, di- ciéndole de corazon: O Sefor, vos sos la porcion de mi herencia y de mi edliz: vos sois, quien me restitui- reis mi herencia en la tierra y en el cielo. * DESPUES DE LA COMUNION, Jesucristo en la Eucaristia nuestro todo. Nos dié con él todas las cosas. Rom. cap. 8. vy. 32. PUNTO PRIMERO. Siendo nuestra alma espiritual ¢ inmortal por na— turaleza, y habiendo sido criada por Dios 4 su imé- gen y semejanza, no hay cosa alguna visible que pueda hacerla dichosa: porque habiendo sido sacada de la nada para que conociese 4 su Criador, y lo a- dorase y amase en esta vida, y lo gozdra eternamen- 2 Id. Hom. 13.—? Psal, 15. v. 5.

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