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mo rango, no pasando ninguno de sus individuos de ser ministro de Dios, miéntras que el gran patriarca fué destinado 4 ser su padre segun la carne, pues Dios jamds tomé d los déngeles, mas tomé d la semilla de Abrahan. 1 Pero no era este justo el término de la bondad divina; porque al decretar eb Seiior ser su Hijo, tenia en vista la santificacion de todo el linage humano, y al pactar amistad con su persona, pro- metiéndole un galardon de gran cuantia, no solo eran esta amistad y este galardon para ¢l, sino para cuan- tos siguiesen sus huellas en la fe. jAh! No es posible considerar cémo se dié el Se- fior 4 Abrahan, y cémo se da & los que son hijos en la fé de este gran padre de los creyentes, sin quedar uno paniette de su propia felicidad: porque por ande que sea aquel patriarca por haber descendi- o de él en linea recta el Hijo de Dios hecho hom- bre, nunca se le dié 4 él lo que se nos concede & no- sotros en la Eucaristia. Asi el apéstol lo llama 4 él y 4 cuantos lo imitaron en los tiempos antiguos, pe- regrinos sobre la tierra, los cuales probados por el testimonio de la fe no recibieron la promesa: mas, ha- " blando de los hijos de la ley de gracia, dice que Dios ha dispuesto alguna cosa mejor en favor nuestro. : Son estos en realidad ciudadanos de los santos y domésti- cos de Dios.s Y jcémo no lo serén los que no solo estén fundados sobre la piedra angular que es Jesu- cristo, sino que tienen la dicha de recibirlo dentro de si mismos? ;Cémo no serfén con anticipacion ciu- dadanos de la Jerutelon celestial los que poseen en 1 Hebr. cap. 2. v. 16.—? Ibid. cap. 11. vs. 39 y 40.—*® Ephes. P P J cap. 2, 7. 19

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