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Pisin alfa ean ei I A AS UNA eens i» : , a - . ie SE eR SOR te ee a eee ner + DIA XXIV. ANTES DE LA COMUNION. Jesucristo en la Eucaristia nuestra herencia. Yo soy la herencia de ellos, Ezeq. cap. 44, v. 28. PUNTO PRIMERO. Grande y admirable fué la dignacion que Dios mostré al patriarea Abrahan, cuando lo llamé 4 su amistad, y para fortalecer su corazon contra todas las adversidades que pudieran acaecerle entre los hombres, le dirigié estas palabras, tan lisongeras co- mo consoladoras: no temas, porqueyo soy tu protector, y tu galardon ha de ser grande sobre manera: Y en verdad era muy encumbrada la dignidad 4 que Dios habia decretado elevar 4 este justo: porque habiendo de tomar nuestra naturaleza su Hijo, quiso este des- cender de la sangre de aquel patriarca, y por medio de él habian de ser bendecidas todas las naciones de la tierra: Y era tanta la excelencia de su persona por esta prerrogativa que Dios se digné concederle, que en Clerto nivde faé enmoblecida sobre la natura- leza angélica; porque quedé siempre esta en su mis- 1 Gen. cap. 15. v. 1.—* Ibid. cap. 18, v. 18.
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