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— 240 — divina? ;Nos regocijamos en el Seiior por la dicha que nos resulta de esta proximidad que tenemos con él? jLo alabamos dignamente dia y noche por gracias tan inefables? j Escribia el apéstol 4 los Filipenses que se alegra— sen siempre en el Sefior, y se lo inculcaba diciéndo- les: 08 lo digo otra vez, alegraos: , y al instarles tan- to, no solo les manifestaba lo que el Espiritu Santo le revelaba, sino lo que pasaba por sa propio cora- zon, cuyo estado ordinario descubria, cuando decia que estaba lend de consuelo, y abundaba sobre manera de gozo en toda tribulacion. + Y jcémo no habria de rebosar en gozo teniendo consigo 4 Jesucristo y re- cibiéndole en la Eucaristia? Porque en verdad, “‘po- ‘demos gozarnos en este sacramento por dos cosas, ‘‘por lo que se nos da, y por lo que se nos promete: y “tenemos una realidad llena de gozo, y una esperan- “za redundante en alegria, ya que recibimos con Je- “sucristo los dones de la gracia, yen él esperamos “tambien los premios de la gloria.” 5 Siendo pues el gozo una alegria del alma que se recrea en el bien poseido, y no pudiendo caernos en suerte mayor di— cha que la de recibir 4 Jesucristo, que nos salva en la vida, y nos corona en la patria celestial, ;edmo se ha de aposentar en nuestro corazon, y no ha de sen- tir este la alegria del espiritu? ;Tienes ta esta ale- gria cada vez que recibes al Sefior? ;Persevera mu— cho dentro de tu corazon? ;Ah! Piénsalo bien y ad- vierte, que no puede gozarse en el Sefior quien ta de las falsas alegrias del mundo; y que para obte- ner y conservar la calma alegre del corazon, es pre— 1 Philip. cap. 4. y. 4.—* 2 Cor. cap. 7. v. 4.— ® Div. Bernar. Serm. 4. de Vigil. Nat.

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