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— 239 — los mismos hombres, entraban en un éxtasis de gozo, adorando 4 Dios con agradecimiento humilde, y con- vidando 4 los cielos y 4 la tierra, 4 que bendijesen al altisimo por sus misericordias. Mas, no todos los justos tuvieron la suerte de que Dios les revelase las circunstancias que habian de acompaiiar la aparicion de su Hijo en la tierra, habiendo sido solo reservado este honor 4 los profetas, 4 los patriarcas y muy en especial al padre de todos los creyentes, de quien dijo Jesucristo que desed con ansia ver su dia, y que ha- biéndolo visto, se gozé en gran manera. } j;Ah! ;Qué diferencia no hay entre unos tiempos y otros, entre los hombres de aquella época, y los de la nuestra, y entre el mismo gran patriarca, padre del Hijo de D’o3.segun la carne, y nosotros? “Vid Abra- “han el dia del Sefior, 4 saber, aquel que él mismo “prefiguré en la ofrenda de su hijo Isaac y del car- “nero, y alegrése mucho de la gloria del Salvador “que lavé al mundo con su sangre y reconcilié 4 los “hombres con Dios.” 2 Y en verdad: ‘j;qué gozo tan “soberano inyadiria su corazon, cuando contemplase “al Verbo eterno, que ilumina los entendimientos, vi- “niendo & tomar nuestra carne, sin separarse del Pa- “dre con quien vive y est&é para siempre?” 5 Mas, nosotros tenemos presente lo que aquellos justos veian lejano, y poseemos en realidad aquello que con tanto ozo de su alma Abrahan no vid sino en lontananza. ero entre tanto jsentimos nosotros en nuestras al— mas por la presencia del Verbo divino hecho carne los efectos admirables que producia en aquellos san- tos una vision mental de este portento de la caridad 1 Jo. cap. 8. v. 56.— 4 D, Chrisost. in cap. 8. Joan. — * Div. Aug. in Cat. D. Thom.

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