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— 231 — amarlo, daéndonos en este mundo una prenda de la gloria que nos reserva en el otro; esta arra es la sa- grada Eucaristia. ” jO dignacion adorable! Cuando hizo Dios 4 Abra- han la promesa, ya que no tuvo otro mayor por quien jurase, juré por st mismo, diciendo: ciertamente te he de bendecir con copiosas bendiciones. 1 Mas al prome- ter Jesucristo 4 los hombresel goce de los bienes eter- nos, para darles una prenda de que esta dicha ha de llegar indefectiblemente, no quiere darles una que sea caduca 6 defectible, sino 4 si mismo, que es eterno, infinito, é inmortal, y se la da diciéndoles: el gue come mi carne, y bebe mi sangre, tiene la vida eterna. * Considera pues cudnta es tu felicidad en este mundo: porque podrds dudar si mereces el reino de los cielos: “mas, tan pronto como has recibido 4 Jesucristo, tie- “nes que confesar, que posees ya ese mismo reino. 3” Y siendo esto asi: jné seré una demencia elegir los gemidos y los trabajos, buscar los peligros, y delei- tarse en una muerte pésima, pudiendo poseer las ale- grias y los gozos sobersnos y la dulcisima paz que hay en Jesucristo? ;Ah! Todo lo que vemos en este mundo, no es mas que fatiga, lagrimas, y angustias: solo hay descanso, contento, y bienaventuranza en Jesucristo. Pero no nos equivoquemos: si hemos de hallar esta dicha en el Seiior, es preciso que seamos siempre pequefios en su presencia: pues solo 4 los pequefiue- los, es decir 4 los humildes, que piensan bajamente de si mismos, y se acercan 4 Dios con corazon ino- cente y sincero, se les da esta ventura. ;Ah! Estos 1 Hebr. cap. 6. v. 13 y 14.—? Joan. a y. 55.— Div. Petr. Chrisol. Serm, 23. 15

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