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— 232 — no buscan en esta vida en Jesucristo las delicias de los bienaventurados, sino las espinas, la cruz y los improperios: ni desean la corona antes del combate, sino las armas para pelear y vencer: y como se repu- tan por nada sin la gracia de Jesucristo, es esto lo que le piden sin cesar, y su felicidad es completa; porque al recibir 4 Jesucristo, les da este sus propias armas para que peleen, y de este modo vencen la soberbia con la humildad de Cristo, sufren las inju- rias con su mansedumbre, y aterran al enemigo con su fortaleza. O alma mia, 4 quien Cristo ama, libra de males, enriquece con bienes, y adorna con coronas, jporqué inclinas tus miradas 4 las cosas vanas de este mundo, y buscas tu felicidad entre las cuitas y zozobras de la vanidad? Jesus es todo bien, el sumo bien, el solo-y Gnico bien: 4malo pues, y en su amor serfs bienaventurada. MAXIMA. _ No es posible poseer las riquezas divinas, ponien- do su confianza en las terrenas. El cristiano debe poseer, como si nada tuviese, y usar de este mundo oar si no usase; porque pasa la figura de este mun- ee 1 1° Cor. cap. 7. v. 31.

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