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— 230 — ramo, mas este se seca, si no est bien unido al tron- co. O Dios mio, ahora comprendo porqué no siento en mi la paz del corazon y la dicha verdadera, aun- que os reciba 4 vos, que sois la felicidad suma. De- testo, Sefior, el pecado y lo abomino, porque ofende yuestra santidad infinita: y os pido la gracia para perseverar unido con vos en caridad perfecta, 4 fin de que cuando os reciba en el sacramento, se estre- che mas esta union, y sea la arra de la felicidad de la gloria, Asi sea. PUNTO SEGUNDO. Desde el momento en que Jesus llama 4 las almas 4 que lo sigan, les hace donacion de una felicidad que nadie puede quitarles, removiendo de ellas las ansiedades, alejando las eventualidades dudosas y _ calmando todo temor, como lo hizo con sus apdstoles, & quienes decia estas palabras tan suayes y consola- doras: no temais, pequetia grey, porque plugo d vues- tro Padre daros el reino. 1 Y jquién en efecto no es feliz estando cierto del reino, y seguro del cetro, y habiendo recibido de Dios la promesa de reinar con él, y de poseer aquellos bienes inefables que tiene preparados en la vida bienaventurada para los que lo aman? Grandes son por cierto las cosas que Jesucris- to prometié para la vida venidera 4 los que le si- guiesen. Mas ;O bondad infinita! Como estos bienes se ven 4 lo léjos, y los males y desventuras de esta vida nos rodean por todas partes, quiso darnos una certeza evidente de que infaliblemente nos habia de cumplir lo prometido, si nosotros fuéremos fieles en 1 Luce. cap. 12. v. 32.
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