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— 228 — profeta, WZamaron dichoso al pueblo, que tiene estas cosas: bienaventurado es el pueblo, que tiene al Settor por su Dios. 1 Consistiendo la felicidad verdadera en poseer todo bien sin miedo de perderlo, es claro que no podemos llegar 4 hallarla en este mundo, pues no hay en él mas que trabajos y cuitas, y las cosas mis- mas que los mundanos Ilaman bienes, mejor pueden llamarse espinas que flores, atendido que hieren el _ alma y la conducen ordinariamente 4 la muerte eter- na. Sin embargo, no una, sino muchas veces llamé Jesucristo bienaventurados 4 sus discipulos, y no los hubiera llamado, si no hubieran tenido cuanto basta para hacer feliz al hombre. En qué consistiese esta dicha de los discfpulos del Salvador, lo manifest6 él mismo, diciéndoles estas palabras: si alguno me ama, guardard mi palabra, y mi Padre lo amard, y vendremos a él, y haremos mo- rada en él, = ;O felicidad inefable! No reserva el Se- fior para Ja otra vida tan solo el hacer felices 4 sus escogidos, pues en esta tambien los colma en cierta manera de los bienes de la bienaventuranza eterna. Mas jde qué modo tan asombroso? En premio de la fide- lidad con que estos observan sus mandamientos, serfn el objeto del amor y del carifio de la augusta Trinidad, que habitaré en ellos de asiento y de un modo admi- rable, lo que es bastante para que el hombre se con- sidere entre los gozos del paraiso, aunque se encuen- tre rodeado de todas las tribulaciones de esta vida. Pero jquién no se extasia de gozo, quién no se eleva hasta las dulzuras del cielo al ver lo que Jesucristo se digna dar 4 sus escogidos en la tierra? Al dérse- 2 Psalm. 143. vs. 12, 13 y 14.—® Joan cap- 14. v. 23.

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