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aos Se graciosa como Jerusalen, | y se le da 4 poseer como cosa suya. O Jesus mio, yo quiero amaros de este modo, sin reservar para mi ni para el mundo el de- seo mas minimo de mi alma. Venid pues, 6 buen Je- sus: muera mi corazon 4 todo lo visible, para gozar de vuestro amor en la tierra y en el cielo. DESPUES DE LA COMUNION, Jesucristo nuestra felicidad enla Eucaristia. Dichosos tus siervos que estén siem- pre delante de tf. 3° Reg, cap. 10. v. 8. PUNTO PRIMERO. Es muy errénea la idea que los mundanos se tienen formada sobre la felicidad: porque deslumbrados con el brillo del oro y con el resplandor de las piedras preciosas, y perturbados con el humo de los goces materiales que los rodean, se tienen por dichosos cuando sus hijas aparecen compuestas, adornadas por todos lados, como simulacro de templo, y sus despen- sas llenas rebosan en muchas cosas, y todo abunda en sus casas, no oyéndose en ellas el Ianto ni los ayes, sino el sonido del arpa y de la citara. Pero json felices en realidad? Los hijos del siglo, dice el — 1 Cant. cap: 6. v. 3.

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