BCCPAM000342-8-20000000000000
- — 226 — pia por toda la eternidad: por lo que, “solo podré “comprar este tesoro, quien renunciando 4 los pla- “ceres del sentido, reprime los deseos.terrenos con ‘Ja observancia de la ensejianza celestial.’ 1 Y !Qué! ;Ser4 hacer mucho, que habiendo sido criados por Dios para que lo amemos sobre todas las cosas en la tierra y lo gocemos en el cielo, hagamos la permuta de nuestro corazon, de nuestra alma, de nuestro en- tendimiento, y de nuestra voluntad, para adquirir tan inefable riqueza? Considera pues, que habiendo Dios llevado su bondad hasta el punto de darte este tesoro en este valle de lagrimas, entregdndosete en la Eucaristia, no es posible que tomes verdaderamente posesion de sus riquezas espirituales, si ta no le das todos los deseos de tu corazon. ;Ah! ;Cudn pocas son las almas que comprenden esta verdad? Jesucristo se les ofrece en la Eucaristia, viniéndo el mismo 4 llamarlas para que lo posean, y ellas responden, que espere un poco: las dice este amante tierno que por &mor de ellas estd su cabeza Uena de rocio, y ellas contestan que tienen que in- comodarse, porque estén reposando, y entre tanto el tesoro se ya 4 otra parte. ;Ah! Estas almas que no se desprenden enteramente de si mismas, no pueden gustar las dulzuras de las riquezas celestiales; para hallarlas, es preciso ser todo de Jesucristo, no hacer. caso de comodidades terrenas, salir 4 buscarlo sin temor de ser herido, maltratado, y despojado: entén- ces este Dios amoroso sale al encuentro 4 esta alma desolada y afanada por hallarlo, y la primera pala- bra que le dice es, que es su amiga, hermosa, suave y 1 Div, Greg. Mag. Hom. 11. in Ev.—? Cant, cap. 5. v. 2.
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz