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ee — 219 — muy bien, que si he cometido tantos pecados, no ha sido porque me haya faltado vuestra gracia, sino por- ue yo no me he: aprovechado de ella: perdonadme, Seftor, que yo os prometo evitar todo peligro de ofen- deros, y quiero amaros con todo mi corazon. * PUNTO SEGUNDO. El enemigo mas terrible y peligroso, con quien es preciso combatir en este mundo, es uno mismo, y es el m:s formidable, porque no podemos separarnos de él, !'evindolo como lo llevamos en lo mas intimo de nue: tras almas: porque, puede vl hombre librarse del tumulto del mundo y de sus exigencias vanas, reti- randose 4 la soledad: y puede tambien despreciar las _ riquezas ayudado de los auxilios del cielo: mas, nadie puede sustraerse desi mismo, y delas terribles influen- cias del amor propio, que suele ingerirse aun en las mismas obras buenas y las quita el mérito algunas "veces, y es por lo eomun Ja causa de la condenacion de inumerables almas, que no se ofrecen enteramente en holocausto al amor divino, porque tienen erigido un altar en sn corazon al idolo del amor desordenado de si mismas. Para ser dignos de Jesucristo, no solo no hemos de amar cosa alguna mas que 4 él, 1 sino = hemos de negarnos 4 nosotros mismos, perdien- o nuestra propia voluntad por su amor, * y tenien- do siempre fija en él nuestra vista en todas las cosas que hacemos. ;Ah! ?Cudntas almas se pierden por buscarse 4 si mismas mas que 4 Dios en las obras buenas que hacen? ;Cudntas dejan de convertirse de veras al Seilor, porque no quieren romper de una _—— 4 Math. cap. 10. v. 37.—* Ibid. cap. 16. v. 24 y 25,
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