BCCPAM000342-8-20000000000000

Se ee ee “9 — 218 — nuestro enemigo.,Por lo que, teniendo tan cerca de nosotros la torre de refugio, de la cual cuelgan mil escudos para armar @ los valientes, 1 nadie intentar4 levantarse contra nosotros sin que podamos entrar en esa fortaleza, y decir desde alla en alta voz 4 nuestros adversarios: Si Dios es por nosotros zquién contra nosotros? * Considera entre tanto, que no basta acudir 4 Jesu- cristo en la Eucaristia, y recibirlo dentro de si para verse libre de los peligros, pues es preciso que vi- niendo él 4 nosotros para defendernos y darnos su virtud, huyamos de toda ocasion donde su gracia pue- da naufragar. ;O bondad de Cristo’ verdaderamente inefable! Al entrar dentro de nosotros, trae consigo la fortaleza y el poder de Dios, para estar en nues- tro corazon como el Hijo en su casa: la cual casa so-° mos nosotros. s Pero, ;6 execrable necedad de los hombres! sabiendo nosotros. que somos casa de Dios, si tenemos firme la confianza y la gloria de la ss ranza hasta el fin, caemos cada dia en la contradic- cion de protestar con la’ lengua que detestamos el pecado, y de manifestar en seguida que lo buscamos, pues nos arrojamos con temeraria presuncion en las ocasiones, donde hemos caido otras veces. ;Ah! ;Qué necesidad tendré el enemigo de mandarnos sugestio- nes malignas, si nosotros las buscamos no queriendo reprimir los impetus de la comeupiscencia? ;De qué provecho seré para nosotros que Jesus mismo nos presente el escudo de su virtud, si no detestamos las doctrinas errdéneas de la ciencia de la carne, y de los engafios del mundo? O piadosisimo Jesus, vos sabeis 1 Cant. cap. 4. v. 4.—2 Rom. cap. 8 v. 31.—* Hebr. cap. 3, vy. 6. ww

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz