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* * — 217 — eran testigos de los castigos que. llovian sobre Jos enemigos, siendo unas veces los mismos angeles quie- nes sembraban entre estos el terror y la muerte, ! y revistiéndose ellos mismos en otras ocasiones de tan- ta fuerza, que uno vencia 4 ciento, y ciento derrota- ban 4 diez mil. : Mas, jqué tiene que ver la sombra con la luz? Cuando mandaba Dios construir aquel -taberndculo, tenia presente otro mejor, no fabricado por la mano del hombre, el cual habia de erigirse para siempre en medio del pueblo de adopcion, y se- ria nube por el dia y resplandor de fuego enla noche, y para seguridad y guarida contra el torbellino y la lluvia, * porque sp proteccion se estenderia sobre la Iglesia y sobre sus hijos, que tendrian la gloria de haber sido santificados en la sangre del cordero sin mancilla. Y jquién no vé con cuanta piedad y fidelidad ha cumplido Dios los designios de su misericordia? Su mismo Hijo ha querido quedarse en medio de noso- tros, para protegernos de las asechanzas de nuestros enemigos, y para despedir desde alli la fuerza de su virtud contra estos, y aterrarlos, y ahuyentarlos. ;Qué importa ya que el enemigo abra*hoyos en el camino del cielo, y extienda en él lazos disimulados? Jesus vive con nosotros, y desde el sagrado taberndeulo esté velando por nuestra incolumidad, nos reviste de su fortaleza, nos cubre con su virtud, nos rodea con los resplandores de su magestad, y nos bafia con el rocio de su gracia para que caminemos hacia el cielo con seguridad, y se nos d& todo para que respiremos fuego de amor divino, y causemos terror y miedo 4 1 4. Reg. cap. 19. v. 35.—* Levit. cap. 26. v. 8.—* Isai.-cap. 4. v. 5.
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